miércoles, 18 de enero de 2012

Tropezar.

Cierra los ojos una vez más. Está enloqueciendo. El calor de esos brazos ya no parece llenarle por completo. ¿Por qué tiene que estar huyendo, ahora? "Las paredes son blancas. Parecen nubes. Y si hubiera más celeste, parecería el cielo", le habían dicho una vez. Cuando aún se abrazaban en los pasillos. Cuando nadie la perseguía por los mismos, con jeringas, sedantes, y gritos enfadados. Cuando no tenía por qué huir.

Tropiezas. 


Ves lo mismo, sólo que desde un poco más abajo. Algunos se agachan para ayudarte, pero dos o tres, corren un poco más hacia ella. Se voltea mientras sigue alejándose. Te mira fijamente a los ojos, y te das cuenta de que está llorando. Esos ojos celestes... Son muy brillantes. Destacan. Es lo único celeste, entre tanto blanco de las paredes, pisos, trajes de enfermeros, doctores... Hacen que parezca el cielo. No, corrijo. Hacen que aparezca.

Nunca has dejado de tropezar.



No hay comentarios:

Publicar un comentario