Todos hemos tenido amores platónicos. De esos que nos hacen sonreír, suspirar, y a veces, llorar. No necesariamente una estrella de cine, un artista conocido a nivel mundial, o un músico que todo el mundo escucha. A veces puede ser alguien a quien vemos todos los días. Alguien que no nos corresponde. Alguien que ya no está vivo, también puede suceder, porque ¿A quién jamás le gustó un profesor?. En mi caso, tengo varios amores platónicos. Pero creo que el más extraño, o inusual, es Tchaikovsky. Ya sé que es casi imposible, porque murió ya hace mucho, que podría ser mi... ¿tataratataratatarabuelo?, que no conocí nada de él, y así un largo etcétera. Pero, de todas formas, la mayoría de las veces no conocemos a nuestros amores platónicos. Pero me enamoré de su música, y para no llegar a conocerlo jamás en mi vida, creo que no es tan malo declararse una enamorada compulsiva.
Entrada corta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario