Respiró profundamente. Hallarse entre sus brazos, era todo lo que deseaba en aquel momento. Porque sus abrazos eran deliciosos, y sentía que se perdía lentamente entre su perfume, cual espeso bosque. Que su piel le quemaba, cual fuego o hielo. Pero ahí seguía, hundida, enredándose pacientemente con sus brazos, asegurándose de que no la soltase jamás. Deseando en silencio, que él no se alejara. Nunca más. Porque, al momento de separarse, sabía que continuaría amándolo. Sabía que, al momento de separarse, sería ahogarse penosamente, sería perder todo el aire. Sería una agonía infinita, que no terminaría hasta el próximo contacto. Que no se aliviaría un poco, hasta su próxima mirada.
"¿Qué sucede?"
"Nada"
Mentiras que siempre la herirán más a ella que a él, pero que continúan sobre sus labios.

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